lunes, 10 de diciembre de 2007

La Piedad

La piedad.


Una mujer lo atraviesa,
es causa de su deseo,
encarna un fantasma litoral.

Una mujer que venera
no sin espanto,
como una fulguración órfica
que lo lleva a cuestas
en su travesía de aguas.
Una mujer de rotaciones
y traslaciones,
hermética,
poética,
esdrujularia.
Una mujer de sinrazón
y de demencia compartida,
de vértigo renacentista
que lo contempla en el destripamiento
huérfana y mayúscula
como la estatua de La Piedad.







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